el drama de Aparicio
publicado por Roneando:Fue en la tarde ayer, en la tarde del clavel venteño. Julio Aparicio en los principios de la faena callo al suelo al tropezar con los cuartos traseros de un ejemplar de domecq, el toro jabonero se volvio, Julio se intento levantar en la cara del astifino de juan pedro y al derrotar le engacho del cuello al diestro y e saco en pton por la boca, Madrid se quedo congelada, los relojes se pararon y se presajiaba lo peor. La tarde quedo triste y enrarezida mientras el diestro sevillano era intervenido n el quirofano de la plaza. Es inutil ya discutir si se podria aver evitado, ya lo pasado esta y ahora hay que esperar a que Aparicio el del duende eterno se recupere. Por eso es mejor recordar sus glorias, no los pitones que atraviesan. Por eso recordemos la mitica tarde de Aparicio en las Ventas del espirito santo del 18 de mayo de 1994, cuando Madrid se le entrego, el mismo Madrid que ayer se estremecio ante tal cornada. Esto due lo que djo de el el gran Juaquin Vidal hace ya 16 años:
Fue el toreo soñado. Fue el toreo que los diestros con torería intensa rumian en las duermevelas de las corridas, cuando se amalgaman en los vericuetos del pensamiento los sueños de gloria y los presagios de tragedia. Así fue, como un sueño, el toreo cumbre que recreó Julio Aparicio ante el asombro de la cátedra, en el centro geométrico del redondel.
Fue también el toreo que había soñado la afición. El toreo perfecto, el toreo mágico; la suma y compendio de cuantos retazos de toreo profundo, emotivo y bello se hayan podido ver en toda una vida de aficionado. Aquellos muletazos de dominio, aquellos pases de suavidad infinita, la galanura de las trincherillas y de los cambios de mano, los naturales en su expresión más pura, los redondos convertidos en exquisitez; el broche deslumbrante de las suertes cabalmente ligadas, resuelto mediante el revoloteo jubiloso del pase de pecho el embrujo del ayudado; la estocada en la cruz a volapié neto, volcándose el matador sobre el morrillo del toro. Todos esos retazos de la tauromaquia excelsa —con marca exclusiva y autoría precisa cada cual—, que se hubieran llegado a ver en toda una vida de aficionado y se mantenían frescos en el recuerdo, de repente se ensamblaban y fundían convertidos en una sola y monumental creación artística, en el centro geométrico del redondel de Las Ventas.
Julio Aparicio fue el creador. Ocurrió de súbito. Trasteado el toro en unos armoniosos pases de tanteo, debió venirle de golpe la inspiración, corrió al centro geométrico del redondel, citó desde esa distancia, embarcó al toro que acudía vivo y fijo a tranco alegre, y de ahí en adelante obró el prodigio de transfigurar el toreo técnicamente perfecto en una explosión de fantasía.
¡Qué locura, entonces! El público pasó del pasmo al delirio.



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